DON JORGE · EPISODIO 8 – La boda que terminó a caballo

La boda que terminó a caballo

Puerto Suárez, 29 de mayo de 1930.

Jorge y Elena se casaron aquel día.

Y casi un siglo después queda una fotografía para demostrar que aquel momento existió.

No hace falta adornarla demasiado. Están allí, delante de la cámara, recién casados, en un rincón de Bolivia que entonces quedaba muy lejos de casi todo.

Pero hay algo que, al mirar hoy esa fotografía, me resulta imposible no pensar:

ellos todavía no sabían lo que les esperaba.

Nosotros sí.

Sabemos que aquel matrimonio iba a compartir caminos difíciles, enfermedades, aislamiento, escasez y una vida entregada a los demás.

Pero eso vendría después.

Aquel 29 de mayo era el día de su boda.

Y cualquier boda debería tener después una luna de miel.

La de Jorge y Elena la tuvo.

Aunque fue bastante particular.

No hubo hotel.

No hubo automóvil.

Ni siquiera hubo carretera.

Hubo caballos, una mula, un muchacho y un buey que transportaba parte del equipaje.

Y por delante, ocho días de camino.

El destino era Santiago de Chiquitos.

Una luna de miel hacia lo desconocido

Intento mirar aquel viaje con los ojos de 1930.

Hoy hacemos una maleta, consultamos el teléfono, conocemos la distancia, sabemos dónde dormiremos y hasta podemos ver desde una pantalla el lugar al que vamos.

Ellos tenían un camino.

Y tenían que recorrerlo.

Ocho días avanzando lentamente por una tierra en la que las distancias no se medían únicamente en kilómetros, sino en jornadas.

La fotografía de la boda adquiere entonces otro significado.

Porque aquellos dos recién casados no estaban a punto de marcharse de vacaciones.

Estaban a punto de marcharse hacia su vida.

El camino hacia Santiago fue su viaje de bodas.

Caballo y mula.

Equipaje.

Calor.

Polvo.

Noches en ruta.

Y cada jornada los alejaba un poco más de Puerto Suárez y los acercaba al lugar donde iban a dejar una huella que permanecería durante décadas.

No quiero imaginar conversaciones que nadie dejó escritas.

Prefiero quedarme con los hechos.

Porque los hechos ya son suficientemente extraordinarios.

Ocho días.

Eso duró aquella luna de miel.

Y apareció Santiago

A comienzos de junio de 1930, el viaje terminó.

Ante Elena apareció por fin Santiago de Chiquitos.

No era ya un nombre escrito en una carta.

Era el lugar donde iba a vivir.

Allí no comenzaba solamente su matrimonio con Jorge.

Comenzaba otra historia.

La de una mujer que había llegado desde muy lejos y que, desde aquel momento, tendría que aprender a vivir en un mundo completamente distinto al que había conocido.

Vendrían la escuela, los niños, las dificultades, las enfermedades, los peligros y también los momentos felices.

Pero todavía no.

Quiero detener este episodio aquí.

En una mujer que acaba de bajarse de un caballo después de ocho días de viaje.

Y en un hombre que regresa a Santiago acompañado esta vez por su esposa.

Quizá por eso, cuando vuelvo a mirar la fotografía de aquella boda en Puerto Suárez, ya no veo solamente a dos recién casados.

Veo el instante anterior a que comenzara una vida entera.

Y pienso que pocas lunas de miel pudieron tener un destino tan concreto:

ocho días de camino para llegar al lugar donde iban a escribir su historia.

Continuará…

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