DON JORGE HAIGHT · EPISODIO 13 – LOS ROSTROS DE AQUELLA BÚSQUEDA

Retratos de los cinco misioneros desaparecidos que buscaron don Jorge Haight y sus compañeros.

Jean Dye esperaba noticias de su marido.

Jean y Bob Dye. Se casaron en Bolivia en 1943, meses antes de la desaparición de Bob.

Robert, al que llamaban Bob, era uno de los cinco misioneros desaparecidos que don Jorge Haight había salido a buscar. Jean y él se habían casado en Bolivia en 1943, pocos meses antes de la desaparición.

En el capítulo anterior acompañamos a don Jorge en las dos expediciones que encabezó en 1944. Ahora, las fotografías y los testimonios familiares nos acercan a quienes daban sentido a aquella búsqueda: los hombres que no habían regresado y las personas que los esperaban.

Jean y Bob

La fotografía de Bob pone rostro a uno de aquellos cinco hombres. Junto a la de Jean, nos recuerda también la vida que habían comenzado a compartir.

Para ella, cualquier indicio podía abrir una posibilidad de regreso o acercarla a conocer lo sucedido. Las partidas encontraron objetos de los desaparecidos, pero no a los hombres. Al término de las expediciones, su destino seguía sin aclararse.

Jean dejaría por escrito aquella experiencia: el paso del tiempo sin noticias y la dificultad de saber si todavía era posible esperar.

Su testimonio permite contemplar desde otro lugar la historia de don Jorge. Mientras unos recorrían el territorio buscando indicios, otros aguardaban noticias de lo que pudieran averiguar.

Una mujer llamada Inés

En los años siguientes, Jean comenzó a aprender la lengua ayorea. En 1945 fue a San José buscando a alguien que pudiera enseñársela. Allí encontró a Inés, una mujer ayorea que había vivido en cautividad.

Inés ocupa un lugar propio en este relato. Sus conocimientos ayudaron a Jean a acercarse a una lengua y a unas personas de las que todavía sabía muy poco.

Según recordaría la misionera, aprender el nombre con el que aquel pueblo se identificaba contribuyó a que ella y sus compañeros abandonaran las denominaciones despectivas que habían utilizado.

El aprendizaje de las palabras iba acompañado de un cambio en la mirada.

Jean seguía buscando respuestas sobre Bob. Los ayoreos con quienes se relacionaba tenían, a su vez, sus propias vidas e historias. Escucharlos permitió ir más allá de los temores y las generalizaciones.

Las respuestas llegaron después

Los contactos posteriores hicieron posible recoger testimonios sobre el destino de los cinco.

Según el relato conservado por Ethnos360, un hombre que había presenciado los hechos contó que los misioneros llegaron a un asentamiento ayoreo y comenzaron a entregar regalos.

Al principio, el encuentro transcurrió sin violencia. Después surgió una disputa: según aquella versión, uno de los guerreros consideró que le correspondía un regalo mayor. El enfrentamiento terminó con la muerte de los cinco hombres.

El mismo relato señala que el jefe estaba ausente y que, al regresar, reprochó lo sucedido a quienes habían participado. Los cuerpos habrían sido enterrados en un terreno de cultivo del asentamiento.

Esta explicación procede de un testimonio posterior transmitido por la organización misionera. Permite acercarnos al desenlace, aunque no comprobar de manera independiente cada detalle. Tampoco permite atribuir lo sucedido al conjunto del pueblo ayoreo. No tenemos una ubicación exacta confirmada del lugar de las muertes.

POSIBLE ESCENA DEL CRIMEN

El mapa permite situar, de manera aproximada, el territorio por el que avanzaban los cinco misioneros. Su propósito era encontrar a los ayoreos, establecer contacto con ellos y transmitirles su fe cristiana.

Según el relato histórico de Ethnos360, después de pasar el río Tucavaca llegaron a un arroyo cuando ya se encontraban cerca de la serranía de Sunsás. El agua les ofrecía una posibilidad: pensaban que los ayoreos acudirían a abastecerse en algún punto de aquel curso.

Decidieron seguirlo. Confiaban en encontrar personas con quienes entablar contacto y, si no lo conseguían, creían que podrían continuar hasta Santo Corazón, donde esperaban las esposas de Bob Dye y Dave Bacon.

Ese era su plan. El mapa muestra las referencias geográficas que ayudan a comprenderlo, pero no reconstruye el recorrido exacto ni señala el lugar donde murieron.

Cuando don Jorge y sus compañeros emprendieron las expediciones, todavía no contaban con ese testimonio sobre la muerte de los cinco misioneros. Lo que aquellas búsquedas no pudieron esclarecer se conocería años después, mediante el contacto y la comunicación con quienes sabían lo ocurrido.

Volver a don Jorge

Jean reunió su experiencia en un libro titulado God Planted Five Seeds —Dios plantó cinco semillas—. En sus páginas dejó la memoria de la espera y la interpretación que, desde su fe, dio a lo sucedido.

Su testimonio amplía el episodio que Elena conservó en las memorias de Jorge. Elena dejó constancia de las expediciones; Jean nos acerca a las familias que aguardaban noticias. Sus relatos permiten comprender un mismo acontecimiento desde perspectivas distintas.

Por eso nos hemos detenido en estos rostros. Bob nos recuerda a uno de los hombres que Jorge buscó. Jean, a quienes siguieron viviendo con aquella ausencia. La historia de Inés nos acerca al aprendizaje de una lengua y a la posibilidad de escuchar otras voces.

Volveremos a Santiago de Chiquitos, a Elena y a las tareas cotidianas de don Jorge. Allí continuará esta historia. Pero antes de dejar atrás aquellas expediciones, queda una imagen que merece acompañarnos:

Grupo de personas ante una construcción en Santiago de Chiquitos, Bolivia

Cuando todavía faltaban respuestas, don Jorge salió a buscarlas.

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