
Nos hicimos mayores sin darnos cuenta… y con los Beatles sonando de fondo.
En el instituto no hablábamos de ellos como ahora.
Simplemente estaban.
En un tocadiscos, en una radio, en una tarde cualquiera que parecía no tener importancia… y que ahora sabemos que la tenía toda.
Y llegó 1969.
Nos fuimos cada uno por su lado.
La universidad, otras ciudades, otras vidas.
Nos dispersamos sin drama, como hacen los jóvenes, convencidos de que todo seguiría igual.
Y casi al mismo tiempo…
los Beatles se separaron.
Nunca lo comentamos.
Pero lo sentimos.
Como si algo se hubiera cerrado del todo.
Han pasado casi sesenta años.
Y hace poco, sin pensarlo demasiado, se me ocurrió juntar a los de entonces.
A los de aquella promoción.
Pensé que seríamos los de siempre.
Cuatro recuerdos, alguna anécdota… y poco más.
Pero me equivoqué.
Han empezado a apuntarse hijos.
Y nietos.
Y ahí entendí algo que antes no había visto del todo:
los Beatles no eran nuestros.
Nunca lo fueron.
Para que todo tuviera sentido —para que sonara como entonces— decidí traer a The Liverpool Band.
Y aquí viene lo curioso.
Los oyes… y no es nostalgia.
Es precisión.
Cierras los ojos y, por un momento, todo encaja.
Como si el tiempo no hubiera pasado del todo.
Y entonces ocurre algo sencillo.
La gente sonríe.
Canta.
Se queda.
Y uno entiende, sin necesidad de explicaciones, que hay cosas que no desaparecen.
Solo esperan a que alguien las vuelva a poner en marcha.
Dicen que la música genera dopamina.
Y que la dopamina es felicidad.
Puede ser.
Yo solo sé que, cuando suenan ciertas canciones,
uno vuelve a casa.
🎯
Domingo 26 · La Huerta de Berta
THE LIVERPOOL BAND en directo
De esos días que no se explican…
se viven.